En un giro estratégico tras la captura de Nicolás Maduro hace tres semanas, Delcy Rodríguez —quien ha asumido el mando del oficialismo— lanzó una contundente advertencia a la administración de Donald Trump, exigiendo el cese de lo que calificó como una tutela extranjera sobre las decisiones políticas del país.
Bajo la consigna “Ya basta de órdenes de Washington”, Rodríguez encabezó este domingo una movilización chavista en la capital, donde delineó la nueva hoja de ruta del palacio presidencial: un “diálogo nacionalizado”. Según la funcionaria, cualquier salida a la crisis interna debe ocurrir sin las directrices de potencias extranjeras, mencionando específicamente a Estados Unidos, Colombia y España.
El discurso desafiante de Rodríguez coincide con una fase de vigilancia extrema por parte de Washington. A pesar de la retórica soberanista, el régimen ha comenzado a ceder en puntos críticos para aliviar la presión internacional:
Liberación de detenidos: En las últimas semanas se ha concretado la excarcelación de decenas de presos políticos que permanecían bajo detención arbitraria.
Apertura energética: Se ha reportado una reactivación del comercio petrolero bajo estándares que buscan satisfacer la demanda de estabilidad en los mercados internacionales.
Durante su intervención, Rodríguez enfatizó la necesidad de una “divergencia democrática” propia. “Es importante que abramos los espacios, pero que sea la política con ‘P’ mayúscula y con ‘V’ de Venezuela”, afirmó, insistiendo en que las diferencias partidistas no deben comprometer la paz nacional.
Analistas sugieren que este llamado al “respeto entre las diferencias” es un intento de la nueva jefatura por ganar legitimidad interna y externa tras el vacío de poder dejado por la detención de Maduro. No obstante, la administración Trump mantiene un monitoreo constante sobre las acciones de Rodríguez, condicionando cualquier alivio de sanciones a avances tangibles en la restauración democrática.










