El verano es sinónimo de sol, playa y actividades al aire libre. Sin embargo, con el aumento de las temperaturas y los cambios en nuestros hábitos, también se incrementa el riesgo de contraer ciertas enfermedades. Conocer cuáles son las más comunes y cómo prevenirlas es clave para disfrutar plenamente de la estación.
1. Deshidratación y golpes de calor
Sin duda, la deshidratación es el enemigo número uno del verano. Las altas temperaturas, la exposición prolongada al sol y la actividad física intensa sin una adecuada reposición de líquidos pueden llevar a este estado, que se manifiesta con sed intensa, boca seca, fatiga, mareos y dolor de cabeza. En casos extremos, puede derivar en un golpe de calor, una emergencia médica grave que requiere atención inmediata y que se caracteriza por una temperatura corporal superior a los 40°C, piel caliente y seca, confusión y pérdida del conocimiento.
Prevention: Drink plenty of water, even if you’re not thirsty; avoid direct sun exposure during peak hours (between 10 a.m. and 4 p.m.); wear lightweight, loose-fitting, light-colored clothing; and seek shade.
2. Enfermedades gastrointestinales
El calor favorece la proliferación de bacterias en los alimentos, lo que aumenta el riesgo de infecciones gastrointestinales. La diarrea del viajero, intoxicaciones alimentarias y gastroenteritis virales son comunes en esta época. El consumo de alimentos en mal estado o de agua no potable, así como la falta de higiene al manipular los alimentos, son las principales causas.
Prevención: Lavarse las manos frecuentemente; asegurarse de que los alimentos estén bien cocidos y refrigerados adecuadamente; evitar el consumo de alimentos de puestos callejeros con dudosa higiene; y beber agua embotellada o purificada si se viaja a lugares con saneamiento deficiente.
3. Otitis y conjuntivitis
Las piscinas, playas y ríos, aunque refrescantes, pueden ser un caldo de cultivo para bacterias y hongos que causan infecciones. La otitis externa (oído del nadador) es una inflamación del conducto auditivo externo, provocada por la humedad excesiva en el oído que favorece el crecimiento de microorganismos. Por otro lado, la conjuntivitis, una inflamación de la conjuntiva (membrana que recubre el ojo), puede ser bacteriana o viral, y se propaga fácilmente en entornos compartidos como las piscinas.
Prevención: Usar tapones para los oídos al nadar; secar bien los oídos después de salir del agua; evitar compartir toallas o maquillaje de ojos; y lavarse las manos antes de tocarse los ojos.
4. Micosis cutáneas
El calor y la humedad crean el ambiente perfecto para el desarrollo de hongos en la piel. Las micosis cutáneas, como el pie de atleta o las infecciones por hongos en la ingle, son muy frecuentes. Se manifiestan con picazón, enrojecimiento, descamación y, en ocasiones, mal olor.
Prevención: Mantener la piel limpia y seca, especialmente en los pliegues; usar calzado transpirable y calcetines de algodón; cambiarse de ropa y calzado con frecuencia si se suda mucho; y evitar caminar descalzo en lugares públicos húmedos como piscinas o duchas.
5. Quemaduras solares y lesiones en la piel
La exposición excesiva y sin protección al sol puede provocar quemaduras solares, que van desde un enrojecimiento leve hasta ampollas dolorosas. A largo plazo, el daño solar acumulado aumenta significativamente el riesgo de cáncer de piel.
Prevención: Aplicar protector solar de amplio espectro con un factor de protección solar (FPS) de al menos 30, reaplicándolo cada dos horas o después de nadar/sudar; usar sombreros de ala ancha y gafas de sol; y buscar la sombra.
Disfrutar del verano es posible si se toman las precauciones necesarias. Mantenerse hidratado, cuidar la higiene, protegerse del sol y estar atento a cualquier síntoma inusual son las claves para una temporada estival saludable y feliz.










